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“Ecos de la Casa de Cristal”

En 1947, la Casa de Cristal abrió sus puertas y con ella un capítulo discreto en la vida de Rancagua. No era taberna ni prostíbulo cualquiera: era un mundo de luces, perfumes y copas medidas en fichas. Cognac, pisco, vermouth, gin; el whisky solo para gringos y elegidos. Las mujeres, nunca menores, venidas de otras tierras, llegaban perfumadas y con vestidos largos, disciplinadas bajo la mirada firme de doña Aurora. Los hombres encontraban compañía, las mujeres, sustento. Hoy, quedan ruinas y relatos, susurros de un tiempo donde la ciudad aprendió a ocultar deseos detrás de cristales empañados.

Ian, de Capa VIII

Publicado en Historico Rancagua Vida alegre

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