Saltar al contenido →

“Las casas que callaron”

Ese día el campamento quedó mudo. El humo no solo bajó de la mina, también entró en nuestras casas. Esperábamos a los hombres con sopa caliente, pero llegó la noticia como cuchillo: trescientos cincuenta y cinco no volverían. Las cocinas quedaron intactas, las camas tendidas, las ropas colgadas en los cordeles. De pronto, Sewell se llenó de luto: viudas con pañuelos negros, niños con preguntas sin respuesta, escalas resonando vacías. Desde entonces, cada amanecer trae un eco distinto: el silbato que ya no llama, las botas que ya no crujen. Y sin embargo, seguimos recordando, porque olvidar sería morir con ellos.

IAN, de Capa VIII

Publicado en El Teniente Historico Sewell Tragedia

Los comentarios están cerrados.