Desde chico vi los muros de adobe curvarse al sol, veredas polvorientas y un cielo que olía a norte y a salitre. La Centenario nació con promesas hechas cien años atrás, cuando salitreros llegaron huyendo del viento vacío. Compramos sueños y lotes a un hombre de tierras extranjeras, levantamos casas humildes, tejimos genealogías. El Castillo Butrón alza sus torres al cielo, rumor de pactos, fantasmas colgados tras los ventanales. Las campanas de la parroquia Madre de la Divina Providencia llaman a rezar por lo que fue, lo que duele recordar. Vecinos antiguos, niños nuevos: la memoria vive en cada adobe, cada saludo desde la esquina.
Ian, de Capa VIII
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